Ayer tuve una de esas noches de viernes, en las que el plan es nulo, pero en las que además, tampoco te apetece hacer nada y ni la mejor de las opciones, en caso de haber existido, me habría arrancado del disfrute de la soledad en mi sofá.
Nunca he soportado la doble moral que mantienen algunos, es más, me pone de bastante mala leche, y lo que ayer podía haber sido una noche perfecta con un plan en la mejor compañía, es decir, yo misma, consiguió gracias al electrodoméstico mejor introducido en nuestras vidas, que me fuera a la cama con un enorme cabreo.
Mientras cenaba delante del televisor y con una copita de vino tinto en la mano, comenzó uno de estos programas de fin de semana noche con la temática "corazón" en los que un grupo de "periodistas y colaboradores" se enfrentan a un invitado que suscita mayor o menor interés en el espectador con esa furia desmedida, que nunca llegaré a entender, pero es como si les fuera la vida en ello, y ni Zapatero ni Rajoy, en este momento crítico, consiguen ponerle tanta pasión a lo que debería ser una "Cuestión de Estado", en el llamado Debate del estado de la Nación.
Ayer, el invitado era un ex-trabajador de una famosa tonadillera, imputada con o sin razón, implicada o no, en el caso de corrupción urbanística más importante de este país, "El caso Malaya" y esto, si debería ser una "Cuestión de Estado". El programa empezó a suscitar mi interés cuando por referencias hechas en el mismo, me doy cuenta de que en la otra cadena, y en otro programa del mismo corte, el invitado era el cuñado de este, tratando ¡¿los mismos temas?!... no daba crédito a tan surrealista situación, e iba saltando de una a otra cadena con el mando en la mano y la boca abierta... Uno con la sonrisa puesta todo el tiempo, en tono desafiante, el otro haciendo alarde de una falsa humildad y dolor por un supuesto desprecio hecho por la tonadillera después no se cuántos años de entrega y confidencias... y lo más increíble, ambos tratando temas y lanzando acusaciones, que sólo deberían hacerse en los juzgados... Y sigo sin entender en el interés que puede suscitar en el espectador si la nevera de "Cantora" tieno o no un candado o si el Ex-alcalde marbellí escondió un maletín con dinero en un coche de caballos...
Me serví otra copa de vino, y lo peor vino a continuación. Desde hace varios días, se trata en este tipo de programas otro asunto delicado. Una nueva operación policial denominada "Operación Toscana", explotación sexual, falseo de documentos y blanqueo de dinero (vamos, que un completo) en la que se encuentra implicada toda una familia del mundo del colorín y el espectáculo, era el siguiente tema del programa. Prostitución y delito fueron las dos palabras más usadas por los colaboradores. Un "debate" que dio paso a otro, en el que el tema era el mismo, prostitución, y en el que sin embargo las palabras más usadas fueron lujo, belleza y poder... Y yo me pregunto ¿no es lo mismo siempre y cuando el acto sea consentido si se cobran 50 euros o 6000 por servicio?, ¿por qué unas son prostitutas y otras son chicas de compañía?, ¿por qué los medios de comunicación exponen a unas sin ningún tipo de reparo y se limitan a dar iniciales de otras como si fueran intocables, alegando el poder que éstas y sus clientes tienen?... no entiendo la falsa moral de este país, y no entiendo por qué se siguen tratando en un plató de televisión temas que deberían tratarse en un banquillo.
Pero lo peor, de esta falsa moral, no es la que manifiestan estos programas y colaboradores, si no la del propio espectador. Se nos llena la boca diciendo que solo se nos ofrece telebasura, y que si la consumimos es porque no hay ninguna otra opción. Lo cierto es que ayer estuve delante del televisor hasta cerca de las dos de la madrugada, y que tampoco sabría decir qué opciones había en las otras cadenas, porque ni siquiera me molesté en averiguarlo. Lo cierto es que podría haber visto una película, que podría haber escuchado música, que podría haber haber salido a compartir un rato de ocio con unos amigos, y que sin embargo y a pesar de ir cabreándome poco a poco, lo único que hice fue consumir durante más de dos horas esto que llamamos televisión. Con sus temas basura, su doble moral, y sus concursos para ganar dinero a través de un sms en el que la clave para llevarse el premio era ayer "Estamos trabajando en ello". Lo que aún no se, es en qué están trabajando... ¿Será en ofrecer una alternativa nueva al espectador que pocos decidirán consumir o será en una solución a la crisis económica de este país?...
No seamos cínicos y abandonemos la doble moral. Todos consumimos en algún momento este tipo de programas y no debemos escudarnos en que no hay otra opción como si nos obligaran a hacerlo. Hay otras salidas, otras vías de escape. La mía ayer, fue "Verdes valles, colinas rojas (La Tierra Convulsa)" de Ramiro Pinilla. Sólo sumergirme antes de dormir en sus páginas, logró arreglar mi noche de plan perfecto. Trabajemos en ello y aprendamos a consumir nuestro tiempo de ocio, aprendamos a consumir televisión y sólo así, escaparemos de la "prostitución mediática" a la que voluntariamente y frecuentemente nos vemos sometidos.